domingo, enero 18, 2009

Patrimonio Contemporáneo

Podría asegurar que durante los últimos meses cuando Iquique se subyuga al arte, no es por un producto plástico extraído desde el mismo lugar, más bien, por los sondeos que producen distintas instituciones y empresas privadas para concretar dignas exposiciones que expresen parte importante de las visualidades nacionales existentes.
De esta forma, en un caluroso atardecer de verano, se llevo a cabo en la Sala de Arte de la Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi, la inauguración de la exposición de una pequeña parte –no por esto menos importante- del patrimonio de la Galería Gabriela Mistral que pertenece al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Las obras presentadas en esta oportunidad, para nuestra ciudad, fueron confeccionadas entre los años 1992-2007, y cumplieron con los requerimientos de selección diseñados por el premio nacional de arte Eugenio Dittborn.
No solo puedo mencionar que estos trabajos, con el transcurso de los años, reflejan el nuevo despegue internacional de la escena plástica nacional, sino que también, muestran una innegable factura que iconicamente los consagra día a día.
Por ejemplo, la obra de Demián Shopf, indiscutiblemente, busca una constante entre el neo barroco impuesto en los últimos años y la razón de la historia. En el otro extremo, la conceptualidad política de Mario Navarro, demuestra el por qué de su consagración en importantes galerías a nivel internacional, y que decir de los juegos con la cosmética en base a las empresas del retail impuesta por Patrick Hamilton.
Pero hay otros mas osados, como Arturo Duclos y Álvaro Oyarzún, que constituyen un pilar fundamental a la hora de mostrar sus nuevos formatos expositivos.
Además de esta exposición, se puede consultar en un catálogo razonado todas las obras que han sido exhibidas a lo largo de Chile.
De esta manera, el arte chileno de finales del siglo XX y principios del XXI ha demostrado y, con estas acciones, continuará afianzando una nueva fase en su, por momentos, persistente carácter endogámico.
Aunque, como ya es costumbre, la perplejidad se apodera de algunos y algunas visitantes que tratan de juzgar las obras con las ya archiescuchadas preguntas ¿y esto es arte?, ¿yo también podría haber pintado eso?, ¿no entiendo? etc.
Estás preguntas marcan la pauta constante de este tipo de actividades en la zona y proporcionan la falta de criterios para el verdadero despegue nacional e internacional del arte en Iquique.
Ojo, no sólo hablo del público en general, esta claro que unos “intelectuales” han querido mantener su idea de arte en la ciudad con sus propios discursos metódicos y carentes de información.
Sin duda, reflexionando sobre este último punto, creo que la exposición en esta Sala de arte ha contribuido significativamente a ese Shangri-la que todos buscamos.

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