

Al parecer el tema religioso en el Arte Contemporáneo se ha instalado nuevamente en los circuitos internacionales, más aún cuando este año coinciden dos de las más grandes ferias de Arte del mundo: Documenta Kassel y Bienal de Venecia; desde donde, por un lado, los expertos tratan de teorizar sobre los nuevos canones que impulsan esta tendencia y, por otro lado, algunos medios de comunicación trabajan exaltadamente el tema y lo destacan en sus portadas para generar la indigna controversia que descontextualiza los trabajos plásticos, y eso, obviamente, provoca descontento en el mundo artístico.
Indudablemente, el tema que no sólo se ha generado en este periodo sino desde mucho antes, coincide con las nuevas formas de difundir la fe de varias creencias religiosas alrededor del planeta, evidentemente, ahora que vivimos en un nuevo siglo. Sin embargo, las personas con el transcurso del tiempo, dejan de creer en simples dogmas y tratan de sobrevivir a la vida cada vez más material, dejando atrás lo espiritual.
La iconografía de imágenes religiosas utilizadas por los artistas contemporáneos, hasta el momento, ya ha provocado las censuras mediáticas por utilizarlas dentro de su creación plástica, según algunos atentando, principalmente, contra la fe del público.
Como ejemplo, para hacer un poco de historia, en el año 1965 el argentino León Ferrari crea la obra titulada: “La Civilización Occidental y Cristiana”, óleo sobre yeso y plástico, en donde, básicamente, Jesús es crucificado sobre un avión de combate estadounidense, generando una desigual polémica en Argentina.
Ahora, después de varias décadas e incontables lecturas sobre la obra de Ferrari, “La Civilización Occidental y Cristiana” es nuevamente exhibida con ocasión de la 52 Bienal de Venecia, donde más de algún creyente cristiano ha pedido por el alma de León Ferrari, que ya a estas alturas, con más años sobre el cuerpo y de esa obra, sabe que la exhibición de esta siempre hará subir la temperatura entre, los cristianos –principalmente católicos- y los artistas contemporáneos.
No sólo en Europa vemos estas polémicas, durantes las últimas semanas esta se traslado a Australia, durante el certamen de arte religioso llamado Blake Prize, concurso fundado en el año 1949, con el objetivo de elevar el arte religioso.
En el selección de entre 500 trabajos quedaron entre los finalistas la obra “Bearded Orientals, Making the Empire Cross” (Orientales barbudos haciendo la cruz del imperio) de la artista Priscilla Bracks, donde en un cuadro holográfico se representan las imágenes de Jesucristo y de Osama Bin Laden sobre el mismo plano y que se pueden ver por separado, o fundidas en una misma imagen, según el ángulo desde el que se contemple. La otra obra finalista es una estatua mariana del artista Luke Sullivan titulada “The fourth secret of Fatima” ('El cuarto secreto de Fátima') donde el artista cubre el torso y la cabeza de la virgen con un burka azul, como las usadas -por fuerza ley- por las mujeres afganas en los años de gobiernos talibanes.
A pesar que estas dos obras no ganaron ni un premio, sólo la polémica, incluso, a nivel político, al igual que la de Ferrari que por lo demás aún no ha sido vendida a ningún coleccionista, lograron transformarse en grandes promotores de la reflexión por parte de los artistas, para generar, más allá de la controversia, conectarnos al tema de su obra; simplemente, la relación que nosotros asociamos a las imágenes, en algunos casos enviadas, principalmente, por el establishment estadounidense. Además, poder discriminar a algunos que al imponer la guerra en vez de la paz como método para solucionar un conflicto económico y deciden, cínicamente, quien es el malo y quienes los buenos utilizando imágenes.
Como ciudadanos comunes y corrientes, no queremos sentirnos los fiscales del tribunal, sólo tener la posibilidad de acceder a otras formas de pensar. Si en este mundo algunos no quieren dejarnos decidir confeccionar nuestras propios juicios sobre ciertas imágenes, entonces porque no tener el derecho de juzgarlas visualmente, si a veces la censura –en algunos casos autocensura- nos limita a callar.
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