miércoles, agosto 01, 2007

“Misterio y melancolía de una calle”

“Todo hace creer que existe un cierto punto del espíritu en que la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de ser percibidos en contradicción. Ahora bien, en vano se buscará a la actividad surrealista otro móvil que la esperanza de determinar ese punto” André Breton.

Sobre las pinturas de principios del siglo XX, se aprecian evidentes rasgos de la fuerte concepción artística y la relación con los hechos geopolíticos reinantes en la Europa central, principalmente desde finales del siglo XIX. Por lo demás, las demostraciones artísticas futuras no sólo reflexionarán sobre el accionar político contingente de la época, sino que además, los nuevos estudios sobre la psicología y en particular sobre “La Interpretación de los sueños” alimentarán nuevos conceptos. Por otra parte, durante esta etapa, a pesar de la fuerza de invención de cada uno de los pintores en Europa, existen las suficientes unidades de intereses como para constituir grupos. Está claro que algunos tratan de imponer un lenguaje con mayor o menor energía de la coacción social, a la manera del siglo XIX, pero más importantes son los esfuerzos de quienes tienden a extraer de la realidad, contemplada en sus aspectos generales, un lenguaje universal mediante el esfuerzo común. También cabe destacar tanto sus caracteristicas formales como ideológicas. Por algunos detalles expuestos anteriormente y nuestros estudios, podemos decir que uno de los movimientos artísticos más seductores del siglo XX fue sin duda el Surrealismo. Este importante esquema visual que ha hecho de la propaganda un instrumento permanente de acción, como si fuera un credo político, una secta religiosa o un producto comercial, ha demostrado la acción de lo onírico dentro de una nueva visualidad contemporánea, hasta convertirlo en una digna iconografía de las más importantes de todos los tiempos. Dentro de este enfoque no podemos dejar de contemplar la extraordinaria obra del pictor optimus italiano Giorgio de Chirico con su pintura de 1914, “Misterio y melancolía de una calle”. No sólo el silencio inunda esta pintura, inscrita en su llamado período metafísico antes de pasar unos años de su vida en Ferrara.Observando el óleo, no es necesario escuchar los pasos de la pequeña niña que inocente juega dentro de amenazadores signos y solitarias calles de una ciudad abandonada que envuelve todo el lienzo para percatarnos de la importancia del espacio silente. Las arcadas impenetrables y las hiperbólicas sombras provocan para nuestra visión una gran cantidad de alegorías, no sólo de la forma sino que también del color. Ahora, por lo demás, la paradoja del carro abierto de circo, al parecer invita o nos invita a entrar a un mundo mágico, pero eso desconocido en su interioridad, es lo que pasa en nuestros pensamientos a gran parte de nosotros. Mencionar sus estudios presocráticos, y sobre sus lecturas prolongadas de las obras y citas de Nietzsche, entregan una mayor cantidad de explicaciones para sus portentosos detalles ilusionistas vistos en edificios y objetos, que son siempre los mismos. Por consiguiente de Chirico pinta sentimientos, estados de ánimo vivientes en su subconsciente.Para finalizar, es reconocible el misterio, sueño y melancolía que le sirven de requisitos para construir un espacio imaginario que a veces, personalmente, podría traducirse en un encuentro con uno mismo. De Chirico sabe que podremos conocerlo a través de “Misterio y melancolía de una calle”.

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