martes, diciembre 02, 2008

en vivo contacto

Gracias a Internet, es posible leer a diario en los medios de comunicación escritos de varios países, como en las páginas de sus secciones de cultura y arte, se inclinan en destacar las ferias de arte Contemporáneo, exposiciones, bienales, trienales y subastas que se llevan a cabo alrededor del mundo, pero es una lástima la nula profundización sobre los objetivos y visiones principales que mueven este tipo de actividades.
Es indudable que la prensa siempre ha provocado atraer la mirada de todos los involucrados e interesados en interrogarse porque de tan alta demanda por este tipo de acciones, a veces, catalogadas de elitistas o, simplemente de caprichosas por ciertos entes que pretenden desinformar y derribar la realidad.
Pues bien, en nuestra activa y gloriosa Sudamérica, han existido y, aún existen, distintas iniciativas gubernamentales y privadas que con la ayuda de los medios buscan desarrollar iniciativas ligadas a las artes visuales y, de paso, convertir a sus respectivos anfitriones (ciudades) en verdaderos polos de desarrollo de un incipiente turismo cultural.
Un ejemplo de estas magníficas iniciativas -por si algunos aún no lo saben- es la Bienal de Sao Paulo; concebida para crear una plataforma de discusión en torno a las artes y, de paso automatizar y mostrar a la ciudad Sao Paulo como una genuina sesión de arte moderno en el mundo.
La inauguración al público de este gran evento, que se extiende desde el 26 de octubre al 6 de diciembre, ha creado una polémica en ciertos artículos, ya que la Bienal ha sido tipificada a modo de una muestra conceptual, críptica y con falta de glamour.
Estos medios de comunicación, han sentenciado a este importante lugar de la escena plástica sudamericana y mundial, simplemente, por su falta de información y nula reflexión de los compromisos que juegan los artistas, productores y curadores de estos proyectos de arte Contemporáneo. A estas alturas, el mérito más importante de la Bienal es que ha amplificado sus debates con y para el público desde las distintas percepciones y contextos geográficos.
De esta forma, el legendario espacio de los Matarazzo, que este año bajo el lema de “en vivo contacto”, ha querido convertirse en uno de los mejores precedentes para que, por ningún caso, se lo califique de movedor del vacío, ni el vaciador del arte y tampoco se hable de una conceptualización del arte, básicamente, porque en sí mismo el arte es conceptual.
Después de 28 versiones de la Bienal de Sao Paulo, es necesario anular estas polémicas y, definitivamente concentrarnos en el valor que posee este lugar, que con el transcurso de los años ha armado y desorganizado discusiones y reflexiones, necesarias más que nunca por estos días.
Los artistas invitados y los proyectos especiales presentados son dignos de crear documentalidad, no sólo para los espectadores, sino que además para esa crítica desinformada y poco ética que hemos leído últimamente.
Sin ir más lejos, el envío de algunos archivos –audiovisuales y documentos- del Centro de Documentación del Centro Cultural Palacio de la Moneda, son un mérito para un país que día a día pierde tiempo y espacios en crear los cimientos y tabiquería requeridos para la reflexión y análisis “en vivo contacto” de las artes visuales.

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