Museología es la ciencia que trata de los museos, su historia, su influjo en la sociedad, su sistema específico de educación, las técnicas de conservación y catalogación.
Estas actividades propias de la ciencia museológica, son poco conocidas por los habitantes de la región de Tarapacá pero, usadas con mucha regularidad, en la jerga museística internacional.
Por esa internacionalización de la palabra, el análisis sobre algunas páginas, de la publicación de Caspar Friedrich Neickel del año 1727 llamada “museografía u orientación para el adecuado concepto y conveniente colocación de los museos y cámaras de curiosidades” y, adicionalmente, por las futuras pretensiones de algunos iquiqueños que desean entregarle a la ciudad una renovada agenda cultural permanente en un espacio que alberga el patrimonio del país, me permito explicar parte del sentido de esta ciencia y, sobre todo, en base a las eficientes perspectivas que evoquen la destrucción de la antigua imagen del museo como un hermético espacio de culto.
Hoy en día, el museo y la nueva museología, aspiran ser, una expresión de la comunidad y un instrumento a su servicio, todo al unísono, apuntando al rompimiento de esa moribunda inercia maligna, lamentablemente, aún con vida que sintetiza el lugar como la casa de los tesoros ofrecidos más a los turistas que a la propia comunidad de la zona.
El rol de educar y de la actividad cultural del museo ha terminado, afortunadamente, por implantarse como herramienta esencial dentro de la estructura social contemporánea, afianzándose su necesario cometido, así lo explica el museólogo español Luis Alonso Fernández: “el museo realza los sectores del desarrollo cultural de la Humanidad a través de los objetos y colecciones del pasado patrimonial, que se refieren tanto al área de lo antropológico-etnológico, como a las de histórico-artístico y del científico-técnico”.
Así, en resumen la realidad patrimonial y museable ha precedido en el tiempo y en la práctica museográfica a la propia justificación y existencia de una ciencia museológica.
En varias conferencias internacionales, sobre este tema, como la conferencia de la ICOM (International Council of Museums) de 1995, celebrada en la ciudad de Stavanger en Noruega, se insistía en el rol del museo respecto de la comunidad: “La gran mayoría de los museos del mundo-se justificaba- son instituciones locales, formadas por sus comunidades respectivas para preservar su herencia cultural especial. La población local a menudo ha desarrollado un fuerte sentimiento de propietaria de su museo. Los museos por otro lado están caracterizados por una participación directa y activa en la población, a través de conexiones con otras instituciones o grupos que trabajan en el campo cultural. Sociedades históricas locales han estado participando en este tipo de trabajo relacionado con el museo, y contribuyendo así a reforzar la conciencia del pueblo sobre su propia historia y su atracción por la identidad histórica.”
Confiamos en base a positivas plegarias para la pronta llegada de la nueva museología a la ciudad y que tanto el mundo empresarial como el gubernamental busquen la implementación de visiones contemporáneas que incorporen estos elementos que sustantivamente refuerzan nuestro patrimonio desde las vivencias locales.
Estas actividades propias de la ciencia museológica, son poco conocidas por los habitantes de la región de Tarapacá pero, usadas con mucha regularidad, en la jerga museística internacional.
Por esa internacionalización de la palabra, el análisis sobre algunas páginas, de la publicación de Caspar Friedrich Neickel del año 1727 llamada “museografía u orientación para el adecuado concepto y conveniente colocación de los museos y cámaras de curiosidades” y, adicionalmente, por las futuras pretensiones de algunos iquiqueños que desean entregarle a la ciudad una renovada agenda cultural permanente en un espacio que alberga el patrimonio del país, me permito explicar parte del sentido de esta ciencia y, sobre todo, en base a las eficientes perspectivas que evoquen la destrucción de la antigua imagen del museo como un hermético espacio de culto.
Hoy en día, el museo y la nueva museología, aspiran ser, una expresión de la comunidad y un instrumento a su servicio, todo al unísono, apuntando al rompimiento de esa moribunda inercia maligna, lamentablemente, aún con vida que sintetiza el lugar como la casa de los tesoros ofrecidos más a los turistas que a la propia comunidad de la zona.
El rol de educar y de la actividad cultural del museo ha terminado, afortunadamente, por implantarse como herramienta esencial dentro de la estructura social contemporánea, afianzándose su necesario cometido, así lo explica el museólogo español Luis Alonso Fernández: “el museo realza los sectores del desarrollo cultural de la Humanidad a través de los objetos y colecciones del pasado patrimonial, que se refieren tanto al área de lo antropológico-etnológico, como a las de histórico-artístico y del científico-técnico”.
Así, en resumen la realidad patrimonial y museable ha precedido en el tiempo y en la práctica museográfica a la propia justificación y existencia de una ciencia museológica.
En varias conferencias internacionales, sobre este tema, como la conferencia de la ICOM (International Council of Museums) de 1995, celebrada en la ciudad de Stavanger en Noruega, se insistía en el rol del museo respecto de la comunidad: “La gran mayoría de los museos del mundo-se justificaba- son instituciones locales, formadas por sus comunidades respectivas para preservar su herencia cultural especial. La población local a menudo ha desarrollado un fuerte sentimiento de propietaria de su museo. Los museos por otro lado están caracterizados por una participación directa y activa en la población, a través de conexiones con otras instituciones o grupos que trabajan en el campo cultural. Sociedades históricas locales han estado participando en este tipo de trabajo relacionado con el museo, y contribuyendo así a reforzar la conciencia del pueblo sobre su propia historia y su atracción por la identidad histórica.”
Confiamos en base a positivas plegarias para la pronta llegada de la nueva museología a la ciudad y que tanto el mundo empresarial como el gubernamental busquen la implementación de visiones contemporáneas que incorporen estos elementos que sustantivamente refuerzan nuestro patrimonio desde las vivencias locales.
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