martes, julio 31, 2007

The New Ideal Line Opala: Incombustible memoria Navarriana



Los discursos sobre la memoria individual o colectiva dentro de la historia del arte Contemporáneo son siempre objeto de una constante y a veces infinita revisión. Para analizar rápidamente este punto, es preciso recordar la obra del artista chileno Mario Navarro, presentada por primera vez en Chile en el año 2002 en la Galería Gabriela Mistral, y después con ocasión de la XXVII versión de la Bienal de Sao Paulo, conocida feria monumental de arte Contemporáneo, presentada en el exuberante Parque de Ibirapuera, entre los meses de octubre y noviembre del año 2006. Dentro de los 117 artistas que exhibieron en ese gran formato establecido de difusión plástica, este año como es costumbre, se realizó una selección de obras para traerlas a Chile con la finalidad de poder observar y estudiar importantes trabajos, en relación con el tema de la Bienal: "como vivir juntos". Por supuesto, entre estas figura la del señor Navarro, su “the New Ideal Line Opala”
Básicamente, la obra esta constituida por una serie de dibujos a carboncillo sin fijar de paisajes exuberantes, dispuesta sobre uno de los muros de la centenaria construcción; desde donde emerge, la imagen de la estrella del evento, un vehiculo modelo Chevrolet Opala. En uno de los costados de la obra, Navarro pone en escena un muñeco con los pies amarrados. El muñeco en el parque Ibirapuera giraba con la ayuda de un sistema eléctrico, en está ocasión se presenta sin movimiento alguno. Para rematar este ensayo visual –él artista-dispone sobre las partes inferiores del colosal espacio, tramas narrativas en diferentes colores, que por momentos desorientan. Sin duda, para los brasileños los autos Chevrolet Opala son dignos de postulación para nombres de calles, plazas, o inclusive, erigirles monumentos. Orgullo de una nación que exportaba autos de calidad y buen diseño y que generó, por sobre todo, esa competencia desleal sudamericana que tanto deleitaron lideres pretéritos brasileños y que confirmamos en los 80’s con esa autoreferencia que, por momentos se detestó, incluso en estos días, donde la curatoría de esta “feria” de arte se hace presente en Santiago. En la ciudad Paulista, esta obra es exhibida con incertidumbre y ambigüedad, sobre todo la asociación que tienen ellos –los brasileños- al ver las imágenes del famoso automóvil inmiscuido en un proyecto visual con una carga político-social macabra.
Otro dato que no deja de ser relevante, es que en el edificio donde operaba la Bienal, esta obra se podía apreciar contigua a un gran ventanal que permitía luminosidad y una afectuosa intimidad. Pero lo contrario ocurre hoy en el MAC, la gélida sala le entrega a la museografía del lugar algo exclusivo para las retinas chilenas. A ver si está exclusividad remueve y aclara la memoria de algunos.Con su frío, la causalidad de la obra “The New Ideal Line Opala” puede ser definida como uno de esos objetos transicionales que tanto a Navarro le gusta explicar acerca de sus obras. Los materiales que la componen poseen por su carga afectiva histórica uno o varios aspectos que tensionan las miradas contemporáneas de los pueblos, especialmente, los que sistemáticamente son subyugados a las imágenes mediáticas y cínicas impuestas por la economía de mercado. Por lo mismo el artista gestiona un sarcasmo entre su discurso y los frágiles materiales con que cuenta su obra.Es efectivo que la fragilidad de la memoria vista en la obra trae de la mano el tema sobre el como los individuos de una sociedad, en este caso los chilenos, hemos relacionado objetos que por su cotidianeidad para algunos se transforman en objetos de culto y para otros, en objetos que coyunturalmente representaron el dolor y la opresión de largos 17 años.El asociar el culto por los objetos, en este caso, por los autos Opala, apunta presumiblemente a las intenciones que con esta intervención sobre esa pared tiene el artista de mostrar la relación existente entre coleccionismo y escena actual.También, es imposible no agregar que tal como lo hemos notado en este trabajo de carboncillo, madera, plástico, lana y de dimensiones variables, el artista inclina su mirada hacia “el rememorar” los trabajos artísticos callejeros ejecutados en las murallas de la ciudad, con gran fuerza, desde los años setenta en adelante. Era evidente en ese período que las peticiones de justicia no fueran realizadas en tribunales sino que sobre austeras paredes de este país. Al parecer los murales le permiten identificar la gran carga de memoria que estos poseen en si mismo. Los materiales fáciles de corroer, en está ocasión, recuerdan la memoria “chilensis”. Ciertamente existe la posibilidad que “The New Ideal Line Opala” sea corroído por las propias personas que visitan la obra. A más de alguno, le será un espejo hacia el pasado, para otros una gélida sala que exhibe un mural con un auto ochentero.Por otra parte Navarro no quiere que el espectador deje de perturbarse por la figura de lana confeccionado por su abuela, y con este punto hace hincapié a la autosustentabilidad de una figura de lana que cuelga desde los pies; ya a estas alturas Navarro establece una bronca con la escultura: un tema clásico. El personaje de lana que puede ser el mismo San Pedro, que murió de cabezas ya no gira como en Sao Paulo y tampoco roza el carboncillo sin fijar. Eso le entrega la cuota de incombustibilidad necesaria para el trabajo de Navarro, que repercutió en está oportunidad y repercutirá de vez en cuando en la memoria de los chilenos.

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